miércoles, 21 de octubre de 2015

FOTOS DE NIÑOS MUERTOS EN EL MÉXICO ANTIGUO: EL RITUAL DE LA MUERTE NIÑA II

JUAN DE DIOS MACHAIN, EL FOTÓGRAFO DE LA MUERTE NIÑA
En una entrada anterior de este blog hablamos de la tradición vigente durante la época de la colonia y en el siglo XIX de pintar retratos de los niños que fallecían.
Con la invención de la fotografía, las personas más humildes, a quienes se les morían más hijos y que no tenían para encargar una pintura, pudieron pagar el acceso al ritual de 'la muerte niña'.
Una gran cantidad de fotos tomadas en lugares como Jalisco, Guanajuato y Ciudad de México, testimonian una antigua costumbre que buscaba atenuar el dolor de la injusta muerte prematura. Algunos se especializaron en este extraño pero fascinante arte.
El historiador y crítico Gutierre Aceve descubrió una colección de fotografías realizadas a finales del siglo XIX y principios del XX por el fotógrafo del pueblo de Ameca, en Jalisco, Juan de Dios Machain.
Por lo menos se conocen cien fotografías de ese tipo realizadas por don Juan, el retratista de la Muerte Niña en México, un artista de quien no se sabe mayores datos, que en ocasiones se movía hasta las casas de los niños difuntos para capturarlos en su entorno y con su gente.
En sus obras, los paliativos del ritual y del recuerdo ayudan a sobreponerse a la perdida. La muerte de un niño pone en estrecha cercanía los extremos de principio y fin, nacimiento y muerte. 
RECUERDO
En 1917, el poeta potosino Nicolás López Loera (1900-1985) recordaba así la muerte de su hermanito, que presenció siendo niño:

Pasa el tiempo interrumpido,
pero el recuerdo no pasa
en que el hermano querido
que para siempre se ha ido
dejó triste nuestra casa.
¿Será justo que temprano
el botón que no está abierto
lo corte traidora mano
cuando se halla tan lozano
y arroje a la tierra muerto?

Así la muerte traidora
cortó a mi hermano la vida,
sin saber que en mala hora
queda una madre que llora
con el alma dolorida.
Yo recuerdo aquellos días
en que al lado de su lecho,
con todas las penas mías
miraba sus agonías
con sollozos en mi pecho.

Me parece estarlo viendo
cuando estábamos los dos;
él, mis manos oprimiendo,
cual si estuviese diciendo
su postrer y último adiós.

Porque su boca no hablaba
con la palabra ya trunca;
¡cuánto dolor me causaba
si con tristeza pensaba
que no me hablaría ya nunca!
Levantando su dedito
en éxtasis miraba
hacia el azul infinito;
¿Algo veía el hermanito?
¿Alguien allí le esperaba?...

Mi vista también levanto
quedando en el cielo fijada;
tan nublada estaba tanto
por el torrente de llanto
que yo no pude ver nada.

Cesa luego el estertor…
vuelvo la vista, y un grito,
un grito desgarrador
se escapa de mi dolor:
¡¡Ya te fuistes hermanito!!
Desde entonces ha callado
el reloj que sonó triste
al habernos avisado
su tic tac acompasado
en la hora que te fuiste.

Cuántas veces he llorado
con tus libros, tu cuaderno
cuyas hojas han quedado
como las hojas del prado
ya muertas por el invierno.

¡Oh mi hermano! si viviera,
lo que sufro me vería
cuántas cosas le dijera…
y así tendría quien pudiera
consolar el alma mía.
17 de mayo de 1917.
ROMUALDO GARCÍA, O EN GUANAJUATO  LA VIDA NO VALE NADA
También a finales del siglo XIX sacó sus misteriosos retratos don Romualdo García, rey de los fondos pintados (Col. Fototeca Guanajuatense. Museo de la Alhóndiga de Granaditas. INAH):
EL FINAL DE LAS FOTOS POST MORTEM
El pintor David Alfaro Siqueiros narra en sus memorias (tituladas Me llamaban 'el Coronelazo') cómo alguien lo tomó por fotógrafo: "¡Señor fotógrafo, señor fotógrafo, venga usted conmigo! Mi papá quiere que usted retrate a mi hermanita que se murió ayer, porque mañana temprano tienen que enterrarla". David Alfaro Siqueiros habría de pintar más tarde Retrato de niña viva y de niña muerta:
María Luisa Corona Sánchez, del barrio de San Martín, Malinalco, muerta en 1954, a los seis meses, por un "vuelo de gallina" (La niña se asustó cuando el ave voló encima de ella), fue de los últimos críos en ser retratados con respeto y barroquismo, conforme a la tradición. 
Con la foto de nota roja, el niño muerto dejará de ser 'angelito' y pasará a ser hermano de los lechones, cabritos y becerros sacrificados. Carne inocente trinchada. Pero María Luisa muere todavía como los niños de antes, y con ella, prácticamente muere el ritual de la Muerte Niña:
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