-PODEMOS RECORDARLO TODO POR USTED (We can Remember it for You Wholesale, 1964) es el cuento más conocido de esta antología por haber servido de base a la película Total Recall (Paul Verhoeven, 1990)… y también es el relato que olvidaron poner los amigos de Minotauro en la primera edición impresa de 2009. El principal tema de K. Dick, la identidad, es analizado aquí a través de la mirada de un protagonista que, como los personajes del relato Impostor o de la novela Fluyan mis lágrimas, dijo el policía; ve derrumbarse sus certezas y su idea misma de la realidad cuando le dicen una y otra vez que no es lo que cree ser, sino algo muy, pero que muy distinto.
-LA FE DE NUESTROS PADRES (Faith of Our Fathers, 1967) es para mí el mejor relato de Philip K. Dick. En él se mezclan de forma muy lograda Ciencia ficción y horror, una de mis combinaciones favoritas. Este texto y Los tres estigmas de Palmer Eldricht son los dos títulos de Dick que me llevaría a una isla desierta, aunque aún no sé para qué carajos iría a una isla desierta.
La relación –tan estrecha y tan evidente, pero tan comúnmente ignorada- entre religión y paranoia, la posibilidad de que el horror esté aquí, son algunos de los temas que se desenvuelven en esta historia con la antinaturalidad de una alucinación, de un mal viaje.
Curioso que, pocos años antes de su muerte, Dick intentara medio renegar de La fe de nuestros padres –como muestran las notas al cuento -. Al igual que otro escritor que sufrió delirios religiosos hacia el final de sus días, Nikolai Gogol, K. Dick pareció arrepentirse en algún momento de la parte más revulsiva de su obra.
-LA HORMIGA ELÉCTRICA (The Electric Ant, 1969) es otro de mis cuentos favoritos de Philip K. Dick.
Como en We can Remember it for You Wholesale o Impostor, al protagonista le irá tan lindo como a una víctima de los Khmers rojos en Camboya, con el lío aquel de la falsa identidad. Hay algo en esta historia que es muy triste y a la vez horrible. De algún modo, es una adaptación a la Ciencia Ficción de cierto pasaje de Alicia a través del espejo (Through the Looking-Glass, and What Alice Found There, 1871), de Lewis Carroll.
Cuentos como LAS PREPERSONAS (The Pre-Persons, 1974) y EL OJO DE LA SIBILA (The Eye of the Sibyl, 1987), muestran en cambio al Philip K. Dick más pater noster y reaccionario, al norteamericano preocupado por los valores familiares, amigo de Heinlein y admirador del bobalicón John F. Kennedy, que también hay algo de esto en K. Dick, por qué no decirlo. El primer relato es un alegato antiaborto y el segundo una enésima oda a la imperialista PAX USA.
Confieso que no me interesa mucho el Dick animal político (sus ideas políticas eran a menudo chabacanas, acordes con el anticomunismo de guerra fría estilo Jospeh McCarthy que difundían la radio, prensa y televisión de su época), ni el religioso mesiánico (su cristianismo de la última época no convence a mi saludable paladar caníbal), sino el narrador. No el narrador, pero si aquel que mueve los hilos del narrador: el rakugoka.
-En QUISIERA LLEGAR PRONTO (I Hope I Shall Arrive Soon, 1980) se nos cuenta otro caso de enfermos psicóticos, valiéndose de un recurso tópico de la pulp fiction para hablar de desequilibrios mentales: los largos viajes interplanetarios.
-EL CASO RAUTAVAARA (Rautavaara's Case, 1964), al igual que LA FE DE NUESTROS PADRES, se emparenta en su blasfemia y mala leche con la divertida película de clase B Dios me lo ordenó (God told me to), dirigida en 1976 por Larry Cohen.
...Y este cuento Sí que sació mi paladar caníbal.
El hombre no contiene al muchacho, sino a los hombres que le precedieron.
Philip K. Dick. Ubik
Una de las novelas de P. K. Dick con mejor armazón. Tantea en la psicodelia y en la des-dibujación del mundo, como Los tres estigmas de Palmer Eldricht, pero valiéndose de una geometría simétrica más cercana a la de El Hombre en el castillo (The man in the high castle. 1962).
Precognitores que leen el futuro vs. agentes anti-pisiónicos, capaces de anular los poderes mentales de otras personas; tanques criogénicos de suspensión que mantienen a sus centenarios y bicentenarios habitantes en estado de semi-vida; sabotajes terroristas en la Luna; confusiones entre quién está muerto y quién ha sobrevivido; graffitis soeces en los baños -“De cagar y joder yo no me privo, os dice a los muertos el que está vivo”- que sirven de clave para interpretar el universo; y alrededor de todo, un extraño nuevo producto que promete salvarnos de la entropía, sacarnos de la vejez, arrancarnos de la muerte: UBIK.
Uno de los detalles más logrados del libro es el modo tragicómico, de película Slapstick de cine mudo, en que se traduce a la narrativa la aplicación del segundo principio de la termodinámica. El universo se vuelve inmensamente hostil al correr en cámara acelerada y hacia atrás, y los protagonistas alcanzan la altura de héroes pobretones, a lo Chaplin o Buster Keaton, por el modo en que sortean a una materia en franca desintegración y a unos objetos nada amigables ni obedientes a las sagradas leyes de la física -que son, entre los objetos, el equivalente a las normas de urbanidad y buenas maneras, el Manual de Carreño de las cosas-.
Alrededor del año 2011, el director de cine Michael Gondry intentó realizar una adaptación al cine de esta novela, pero no le convenció el guión ni atinó a encontrar una estructura dramática que sirviera a la película. Pareciera que el Dick más extremo, el de Los tres estigmas… y Ubik, sigue estando más allá de las posibilidades del noveno arte (…Pero bueno, Gondry no pudo llevar al cine ni siquiera a Synecdoche, New York, de Charlie Kaufman, y fue este último quien terminó filmando su propio guión).

4- Fluyan mis lágrimas, dijo el policía. Flow my tears, the policeman said. 1974
“La realidad negada regresa para atormentar”
Philip K. Dick. Fluyan mis lágrimas, dijo el policía
El famoso cantante y estrella de la TV Jason Taverner se despierta una mañana para descubrir que de repente es un completo desconocido. Ni siquiera tiene documentos de identidad: han desaparecido. Tampoco hay registro sobre él en las extensas bases de datos de la policía y el gobierno. Ni sus seguidores, ni sus amigos, ni sus enemigos, tienen el menor recuerdo de él.
Hay obras de Philip K. Dick que tienen nombres largos, poéticos, melancólicos, con un toque de ironía, como ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Do Androids Dream of Electric Sheep?), como esta novela, cuyo título calza muy bien con el humor tristón de la historia.
Al escribir este libro, Philip K. Dick caminaba sobre terreno harto conocido. Hacia 1974, los años le han servido para afinar por el lado del sentimiento sus historias sobre la perdida de la identidad, o mejor dicho, sobre lo ilusorio de la identidad.
Fluyan mis lágrimas es el título de una obra para laúd que a Dick le gustaba escuchar, compuesta en el siglo XVI por John Dowland:
¡Fluyan mis lágrimas, caídas de sus manantiales!
Exiliado para siempre, dejadme llorar.
Permitidme que viva olvidado,
donde el negro pájaro nocturno canta su tristeza.
En las novelas de Philip K. Dick (y también en la vida real) la existencia es demasiado frágil, cuelga del hilo de las palabras, a punto de caer y desaparecer. Y eso lo padece en sus obras hasta el mismo espacio:
En sí mismo, el espacio no es exclusivo. De hecho, el espacio, en sí mismo, no existe en absoluto (Philip K. Dick. Fluyan mis lágrimas, dijo el policía).
5- Ojo en el cielo. Eye in the sky. 1957
En primer lugar, definiré lo que es la ciencia ficción diciendo lo que no es. No puede ser definida como "un relato, novela o drama ambientado en el futuro", desde el momento en que existe algo como la aventura espacial, que está ambientada en el futuro pero no es ciencia ficción; se trata simplemente de aventuras, combates y guerras espaciales que se desarrollan en un futuro de tecnología superavanzada. ¿Y por qué no es ciencia ficción? Lo es en apariencia... Sin embargo, la aventura espacial carece de la nueva idea diferenciadora que es el ingrediente esencial. Por otra parte, también puede haber ciencia ficción ambientada en el presente: los relatos o novelas de mundos alternos. De modo que si separamos la ciencia ficción del futuro y de la tecnología altamente avanzada, ¿a qué podemos llamar ciencia ficción?
Philip K. Dick
Esta última posición estaba reservada para alguna de las consideradas obras menores de Philip K. Dick.
Merecen figurar aquí, por ejemplo, la extrañísima novela corta Podemos construirle (We Can Build You. 1972), o Deus Irae (escrita en colaboración con Roger Zelasny en 1976), o la que suele ser descrita como “la principal de sus obras menores”, Los clanes de la Luna Alfana (The clans of the alphane moon. 1964), un relato marcadamente humorístico y lleno de gags, como aquel que da origen a la historia: Una luna que sirvió de centro de cuidados psiquiátricos fue abandonada por el resto de los humanos durante 25 años, y cuando estos regresan se encuentran con una sociedad ordenada y dividida en siete clanes que se medio atacan y se medio llevan entre sí: Los Pari (o paranoides), los Manis (o maníacos), los Hebes (hebefrenicos), los Esquizo (esquizofrénicos), los Polis (Perversos polimorfos), losDep (Depresivos) y los Ob-com (Obsesivos compulsivos).
En Ojo en el cielo se prefiguran temas que Dick volvería a tratar en obras futuras. En esta ocasión lo hace de forma aún demasiado ordenada. Ya revolvería mejor sus barajas en próximas novelas.
En el libro hay también algo de aquel K. Dick mencionado anteriormente, el cargoso defensor del american way of life, ¿y a quién le importa? Son mucho más abundantes las dosis de extrañeza y originalidad.
Estamos ante una novela “menor” pero muy divertida, que se asemeja a esos extraños churros cinematográficos que empiezan como historias muy desmadrozas de clase B y acaban teniendo un sentido más profundo del que esperábamos encontrar en bazofias de tal calaña. Algo similar ocurre en películas como La invasión de los usurpadores de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, dirigida en 1956 por Don Siegel) o La Galaxia del Terror (Galaxy of terror, de Bruce D. Clark. 1981).
Una de las primeras obras de Philip K. Dick donde la paranoia esquizoide lleva la batuta.
(Arriba: Portada de Deus Irae, novela corta escrita en colaboración con Roger Zelazny en 1976, que mezcla paisajes postapocalípticos y semidesérticos, estilo Mad Max, con delirios metafísicos y humor negro)
PARA TERMINAR, DOS RECOMENDACIONES MÁS
PARA LOS ADICTOS A PHILIP K. DICK:
2-Visiten la nueva página de Puroshuesos: PEQUEÑA GUÍA TURÍSTICA DE LITERATURA PARA FRIKIS, FANTASMAS Y MORIBUNDOS:
LIBROS E HISTORIETAS, RESEÑAS, TOPS Y LISTAS.