miércoles, 15 de mayo de 2013

UNA LEYENDA DE SAN LA MUERTE (Santos paganos V)

De origen guaraní, San La Muerte es venerado en Paraguay, Argentina y Brasil. Las similitudes entre su culto y el que se le rinde a la Santa Muerte en Centroamérica -así como las existentes entre dos bandidos generosos vueltos santos: Gauchito Gil, de Corrientes, Argentina; y Jesús Malverde, de Sinaloa, México-, hacen pensar que el sueño de Bolívar, aquel de unir a Latinoamérica en una sola nación, es desde hace mucho tiempo una realidad en lo mítico y en lo espiritual. 

Voy al más allá,
joven San la Muerte,
quiero morir ya
sólo para verte.

Aquellos que son sietemesinos, que al nacer causaron la muerte de su madre, que tienen alguna deformidad o que nacieron en luna llena, pueden llegar a ser brujos capaces de hablar con los muertos, de domar al lobo, al rayo y a la lluvia; de curar o causar enfermedades. Pero antes, para lograr ese poder, hay que pasar algunas pruebas.
La primera prueba consiste en internarse en un bosque sin decirle a nadie adónde se va, encontrar un río, ponerse en cuclillas junto a él y permanecer siete días sin comer, beber, moverse ni hablar.
La última prueba es la de viajar al inframundo y regresar.
Se cuenta la historia de un joven que, teniendo tres de las marcas sagradas, decidió hacerse brujo. Al despedirse de su prometida, esta le suplicó, creyendo que la abandonaba, y el joven le confesó que iba al bosque a realizar la primera prueba.
Pasaron los siete días de la prueba, luego otros siete, el joven no regresaba y la novia salió en su búsqueda.
Al llegar al río, se topó con lo que quedaba de él. Había aguantado el hambre y la sed, soportado sin moverse ni hablar las visitas de los espíritus seductores y de los demonios, pero falló la prueba desde el principio, al contarle a ella sus planes; así que los demonios le sorbieron la vida, las hormigas devoraron su carne, la lluvia lavó sus huesos y la novia halló sólo un blanco esqueleto en cuclillas.
Después de llorarle, tomó una falange del cadáver descarnado y la guardó en su bolso.
Cuando regresó a su pueblo, encontró a su madre enferma, al borde de la muerte. La joven, apretando el pequeño hueso con sus dos manos, rogó al novio recién fallecido que le ayudara desde el más allá, y la madre se curó inmediatamente. Desde entonces se sabe que los huesos humanos tienen el poder de sanar a los enfermos y los artesanos hacen tallas en madera que representan a San la Muerte como un esqueleto en cuclillas. Para que la escultura tenga algún poder, debe tener incrustado un verdadero hueso humano o hacerse con la madera de un árbol tocado por el rayo.
Nicolás L. C.
(Libro CUENTOS DE HORROR EN LA HISTORIA, Editorial Huachichil, 2013)

UNA LEYENDA DE LA SANTA MUERTE (Santos paganos IV)

En la época de la colonia fueron adorados clandestinamente varios dioses prehispánicos. Durante el siglo XIX y principios del XX se supo de esqueletos a los que se les rendía culto en diversos lugares de la república mexicana, como Zacatecas, Hidalgo y Chiapas. Pero es después de los años 70 cuando la creencia en la Santa Muerte, de ser secreta y casi exclusiva de brujos, se popularizó y se extendió hasta Centroamérica y Estados Unidos. 

Aprovecho para avisarles que en la columna de al lado de esta página iré subiendo una biblioteca con mis autores y libros favoritos. Sólo denle clic en la foto del escritor que les interese, o si quieren tener acceso a todos los títulos visiten mi página en scribd: 

Santísima muerte de mi adoración,
no me desampares de tu protección.

En la Biblia está escrito: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás; menos del árbol de ciencia del bien y del mal, porque el día que de él comieres, morirás”. Eva y Adán desobedecieron la orden, comieron del árbol del conocimiento y Jehová los condenó: “con el sudor de tu frente conseguirás el pan de cada día hasta que vuelvas a la tierra, polvo eres, y al polvo serás tornado”.
Cuenta la leyenda que, para llevar a cabo el castigo impuesto, Dios escogió un ángel menor y le entregó una guadaña para segar la vida de los mortales.
A diferencia de los demás ángeles, que eran bellos y amados por los hombres, el Ángel de la Muerte, con su rostro descarnado y sus alas negras, inspiraba sólo horror y espanto. Su tarea era muy dura y nunca descansaba. Su alma se fue amargando, se hizo cada vez más parecida a la de los vivos que castigaba y más lejana de su divino origen, hasta que dejó de ser ángel y se quedó en algo menos que demonio. Entonces decidió coronarse emperadora de la tierra y salió a dar batalla campal para extender y consolidar su imperio. Muchos sabios, brujos y reyes quisieron resistírsele, ganarle su cetro y huir del filo de su guadaña. Pero ni la magia, ni la sabiduría, ni el ejército más poderoso, pudieron detener a la Muerte.
Pasaron los siglos. Jehová decidió perdonar al hombre y mandó para ello a su hijo, quien con su sacrificio borró la afrenta humana y con su resurrección fue el primero en vencer a la Muerte. Esta, al ver al justo varón vencerle sin armas, sin magia y sin ejércitos, recordó el cielo que abandonó por su misión en la tierra, se arrepintió de su vanidad, rompió su corona y su cetro y se arrodilló a los pies del Señor.
“Levántate”, le dijo Jesús, “y continúa con la misión que te dio mi padre, hasta que yo regrese y se imponga el nuevo reino y la vida eterna, entonces podrás morir y descansar de tu pesada carga”.
Desde entonces la Muerte, sin ser ya ni ángel ni rey, lleva a cabo su tarea esperando el momento del juicio final y de su merecido descanso, pues nadie en la tierra trabaja tanto ni es más justo que la Muerte. 
       Esta es la leyenda que vi pintada en el retablo de una capilla dedicada a la Santa Muerte, en la colonia Morelos.
Nicolás L. C.
 (Libro CUENTOS DE HORROR EN LA HISTORIA, Editorial Huachichil, 2013)

martes, 14 de mayo de 2013

TOMASITO HERRERA, ESPÍRITU DEL MÁS ALLÁ (Santos paganos III)

Poco se sabe de Tomasito Herrera, espíritu que el Niño Fidencio invocó varias veces, imagen de un infante muerto, angelito milagroso y bondadoso que circula en estampitas y veladoras, ánima que se le aparece a místicos y curanderos. Su culto es más grande de lo que parece.
 
Tomasito Herrera
 le dijo a su madre:
“Allá por la sierra
me mató mi padre.

Ve por mi cadáver
y entiérralo bien,
porque si no, mi alma
se va a aparecer”.

No se sabe si alguien las deja ahí o si simplemente aparecen, pero cada día son más las personas que en la banca de una estación de autobuses, en un baño público, en un cajero automático, se encuentran alguna de las estampitas de Tomasito Herrera, espíritu del más allá.
De un lado se ve en blanco y negro el retrato del niño fantasma, tan borroso que no se sabe si es fotografía o pintura, si lo que tiene en la mano izquierda es una pelota o una bola de luz.
Del otro lado está escrita la Invocación al espíritu de Tomasito Herrera:
“Oh, Dios Todopoderoso, permite al espíritu puro de Tomasito que se aparezca y sea mi protector, y que me aparte de peligros, fracasos, pesares, dificultades, conflictos, enfermedades y pleitos. Oh, Tomasito, ven y retira toda clase de maldades de mi mente y pensamiento, y protégeme de mis enemigos y fracasos. Al hacer mi petición, Dios de bondad, tengo en mi mano la Reliquia consagrada del niño Tomasito Herrera, la cual desde hoy portaré con toda Fe y Amor”.
Si uno lee en voz alta esa invocación, acaso el espíritu se aparezca y le llene de riquezas, le entregue aquello que siempre ha deseado o le dé el secreto para vivir muchos años. Tal vez se lo lleve al purgatorio jalándolo de las patas o le rompa los tímpanos con su llanto sepulcral. Tal vez no pase absolutamente nada. Varias veces, desde que me encontré la estampita por casualidad o destino, he tenido la tentación de leer esa invocación en voz alta.
Pero hasta ahora no me he atrevido.
Nicolás L. C.
(Libro CUENTOS DE HORROR EN LA HISTORIA, Editorial Huachichil, 2013)

viernes, 10 de mayo de 2013

PUEBLA BAJO EL VOLCÁN: ESCRIBIENDO EN AUTOS CUBIERTOS DE CENIZAS

(A imitación de Gerardo Oviedo)
La pasada noche del martes 7 al miércoles 8 de mayo, el volcán Popocatépetl hizo honor a su nombre (montaña humeante) y expulsó llamaradas y ceniza. En Puebla capital parecía estar nevando. El miércoles, la ciudad amaneció blanqueada como Michael Jackson:
 
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